“Que la tristeza no sea atada a tu nombre”
Milan Kundera
Tengo cuatro años, me acuerdo como si fuera hoy. Escuché una palabra y corrí hasta mi papá, un químico japonés que amaba la pintura, y nos llevaba a mis hermanos y a mí a los museos en larguísimas visitas, y le pregunté: ¿Kodama, qué es la belleza? ¿Para qué sirve, para qué se usa? Mi papá me miró fijo y no me contestó; yo me quedé pensando, la palabra me había llamado la atención.
A la semana él llegó con un libro de arte y me mostró La victoria de Samotracia, y me dijo que eso era la belleza. Pero no tiene cabeza, le contesté. Entonces me enseñó, me dijo: mire el rigor del viento sobre la manta, mire esos pliegues, mire cómo están agitados por el viento del mar, mire como el género allí parado resiste y rinde testimonio a la eternidad. Capturar para la eternidad a la brisa del mar agitando esos pliegues, eso es la belleza. Estas palabras quedaron para siempre grabadas en mí y, aún de grande, le pedía a mí papá que me las repitiera, y su sutileza, similar a un aleteo de mariposa, me acompañó toda mi vida, como un amuleto contra la fealdad.
Muchos años después estábamos en Paris, en el Louvre, y de imprevisto encontramos La victoria de Samotracia. Al verla lloré como nunca, y Borges lloró conmigo porque yo le había contado la historia. Lloré porque me acordé de papá, y porque esa era, y sería siempre, mi concepción de la belleza. Desde ese día no pude dejar de pensar en cómo mi padre también se había hecho eterno en los pliegues de ese género y le rogué a Borges que cada vez que yo fuera incapaz de ver en algo su belleza, me recordara esos pliegues, las palabras de mi padre, y la eternidad de la que él ya formaba parte. No hace falta, me contestó, usted –porque con Borges no nos tuteábamos- ya sabe qué es la belleza, y esa percepción la va a guiar siempre.
¿Qué fue Borges para mí? Le robo un fragmento de la Ilíada a Homero para contestar; Borges fue mi padre, mi madre, mi hermano, y el amor que florece. ¿Si lo extraño? No, porque él está siempre conmigo, Borges es mi belleza.