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Pisadas
Hace días sólo puedo pensar en los pies. Tantos años viéndolos ir y venir como único paisaje que los extraño. Hoy, algunos pies me pisan la cabeza, pero son otros, los pies que yo amé ya no están. Resumiendo tengo ausencia de pies.
Me paro a descansar sobre una pisada cansada que me pide que la siga, está descalza y quiere rozarme, tiene cayos de angustia y resaca, su podólogo no deja de recomendarle que se pinte las uñas, pareciera que no intenta profundizar en sus asperezas.
Me pican los talones aunque no soy Aquiles, me siento rara y recuerdo las corridas por el patio de mi abuela. Cada paso era una caricia de granito. Me adueñaba del frescor. No necesitaba polvo Veritas. Barro, manguera y reposo sobre el aroma de algún ramito de violetas me alcanzaban para ser una entelequia Aristotélica.
Si tengo que calzarme no me incomoda, sólo me molesta encontrarme con pies planos. Son esos los que me aplastan. Quisiera convencerlos de que se vuelvan cóncavos para acariciarme.
Hoy vi un pie pequeñito, recién nacido, sentí mucho miedo, me metí para adentro e imploré que alguien escuchara los golpeteos detrás del vidrio de la incubadora.
Sé que morirá, no hay huellas de sanación en los libros. Si no me estuvieran por amputar las piernas podría correr para sacarlo de la horma a sabiendas de que nunca se pondrá zapatos. Si al menos lo dejaran dormir sobre la panza de su madre no permitiría que corten mis pisadas para correr a buscarte.
A veces tambaleo y me fustigo sabiendo que sabés. Retrocedo para no significarme en tu significado. Igual dejo caer algunas gotas de sudor sobre la cinta del gym y agradarte, pero tu mirada es esquiva y me acusa de no caminar.
Estamos a medio paso pero no deja de activarse el delay, quizás por eso dejaste de sentir que aún me quedan las manos.
ALICIA