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MARÍA BELÉN IRUSTA

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Pero  tengo  razón

 

 

Domingo, 14:35 hs. suena el tono del buzón de mensajes en el celular. El rímel selló las pestañas superiores e inferiores del ojo izquierdo. El ojo derecho alcanza a leer:

–   Estoy a dos cuadras.

El primer gran esfuerzo consiste en despertar, pero para eso hay tiempo. Lo inmediato es levantarse de la cama. Diez minutos más tarde, sale a la calle.

–   ¿Hay  vida detrás de los anteojos?

–   No. Necesito grasas. Hamburguesa, papas fritas, litros de gaseosa. ¿Me acompañas?

–   Obvio. Por eso no tomo alcohol. Soy flojito para las resacas.

–   Sos flojito y punto. ¿Estuviste con tu chico anoche?

–   No, estamos medio peleados.

–   Me agotan las peleas y más las suyas. Se pelean para reconciliarse. Te diste cuenta?

–   Vamos y venimos.

–   Sufren cuando están, cuando no están… Enfermos, bah.

–   Un par de putitos, ¿que querés? … ¿Qué vas a pedir?

–   Un combo cuatro bien grande. ¿Vos comiste?

–   Sí

–   Hola, están atendidos?

–   No. Hola. Quiero un combo cuatro grande, la gaseosa fanta sin hielo.

–   Lo comés aca?

–   Si.

–   Son treinta y un pesos… Tenés un peso?

–   Si, esperame un segundo.

–   Gracias por el cambio. Aguarden a la derecha su pedido.

–   Ok, gracias.

–   En el 95’ el menú Rosario estaba a $ 2,90, te acordas? Tenía para tres y les pregunté si juntando llegábamos a un menú más. Siempre pienso que si no las hubiera conocido en ese momento ustedes no serían mis amigas.

–   Fuimos a la Escuela de Música sólo para conocerte.

–   Y los novios de ustedes pasan… y yo sigo acá… decime, ¿quién la tiene más clara?

–   Vos, querido. Pero nosotras también te conocimos noviecitos…

–   A tus siete. Remera celeste.

–   ¿Quién es?

–   No se, pero qué lindo.

–   Si me doy vuelta ahora queda muy obvio.

–   Voy buscando sorbete y servilleta y te ayudo con la bandeja.

–   ¿Lo viste al de celeste?

–   Si, nene. Te dé bola a vos o a mí da igual, vamos presos.

–   La juventud me puede.

–   La novedad.

–   Pero por un tiempo, nada más.

–   Hasta que se le va el olor a nuevo.

–   Desde el momento en que una persona esta dentro de otra, comienza la cuenta regresiva.

–   ¿La cuenta regresiva?

–   La cuenta regresiva hacia el fin.

–   Entonces el sexo arruina todo. Eso estás diciendo?

–   Claro…

–   Cuando se me pase la resaca recordame que te golpee.

–   Pero tengo razón…

–   Los domingos sos más puto, definitivamente.

BELÉN