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Sin lugar para los solos
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Me pregunté; ¿Quién dijo que había que correr? Últimamente pensaba que las cosas se asemejaban a una cancha de futbol. No quise la coincidencia ni el depender de la circunstancia que me rodeaba. Simplemente se me puso en un colectivo que me llevaría a donde se supone que hago “esto”. “Esto”, es contarles lo que se puede ver en un colectivo mientras se viene hacia donde uno esta.
Se pueden ver muchas cosas y ninguna con la misma facilidad. Esa tarde, podría decir, estaba mas moderno que de costumbre. Frente a la ventanilla como pibe del interior que le relata a su madre las imágenes que se van formando por fuera, asombrándose, envejeciendo. Yo también estaba envejeciendo en ese momento. En ese colectivo, casi vacío. No más de diez pasajeros. Todos separados, aunque hubiese jurado que se conocían o se habían conocido. Todos denostaban la misma indiferencia en el ir hacia donde nos llevaba el 152. No reconocí una sola cara con intenciones de llegar. Algunos miraban modernamente el exterior, como yo. Otros (el mayor porcentaje) buscaban respuestas en hojas, música, sueños y pisos.
A mi me invadió, (dije) un fantasma moderno. Aclaro, el paisaje avalaba. Últimamente sospecho que el entorno me manipula. En este caso el entorno fue ancho. Autopista indiferente. Hora poco transitada. En fin, todos elementos que inducían a apoyar la cara frente a la ventana apenas abierta. Es esencial en estos casos permitir, aunque en escala sumamente reducida, una corriente de aire que golpee asiduamente nuestros cuerpos y nos recuerde que el entorno sigue ahí, insistiendo.
Aclaro y es necesario que lo haga. No me encontraba buscando. Tampoco es que yo no busco y encuentro. Me inclino a pertenecer, en este caso, a una tercera posición. Podría llamarla “la imposición del entorno”. Una orden interior, cuasi superyoica y porque no, revestida de cierta melancolía.
En un momento, entre monoblocks, afiches de publicidad y automóviles, unos niños invadieron el paisaje. Me llamó la atención. Pensé que ya éramos un mundo de engranajes y maquinas. Pero no. Allí estaban los niños dentro de un rectángulo marcado por líneas blancas. Pasto adentro se suponía, aunque tierra era lo que emergía. La imagen me humanizó y ahí caí.
En los extremos del rectángulo tres fierros creaban el agujero donde se debía depositar esa parte de uno mismo pero tan ajena y circular como la esfera. La imagen contenía un protagonismo situacional que no voy a hacer intervenir aquí. Eso fue el medio, el proceso que me llevó a las preguntas más simples que me hice en todo el día y que, como tales, no pude responder. Y aquí están. Mereciendo desgastes de teclas, luego desgaste de ojos y por ultimo desgaste de fuego al ser quemadas. Salve la internet.
Este proceso me hizo recordar una fotografía, que es la que aquí acompaña el texto. La fotografía me hizo llegar a mi lugar de destino y a modo de revelación se disparo la siguiente asociación en mi cabeza;
“Claro, por eso estamos así, pensé. El espacio marcado. Nosotros en un costado, en el sur. Los otros enfrente, en el norte. Los otros son muchos. Juegan asociados. Vienen por el centro y por los costados. Nada da la impresión de poder pararlos. Algunos tienen la misma camiseta. Traen el balón entre sus piernas. Están pregonando el desenlace. Es como si ya celebran. Ya casi cruzan la mitad del espacio trazado. Y nosotros seguimos en el sur. Solos. Jugamos solos. No hay equipo en el sur. Los pies cruzados, esperando. Viendo las lindas camisetas rayadas avanzar, alegres hacia su cometido. Esperamos una y otra vez el mismo desenlace. La goleada histórica. Alguno pensó en cambiarse de bando, disimuladamente dar media vuelta y atacar con el norte, como si nada. Otros se quedaron. Cierto que éramos solo uno. Personalidad esquizoide la nuestra. Y esperamos el gol de nuevo. Los gritos, aclamaciones y los diarios retratando la misma victoria una y otra vez.
Pero pudo resultar que una vez, aunque sea solo una, los diarios no cantaron el gol. El sur se cerró tan bien que su arco fue su cuerpo y esta vez, solo esta vez, la pelota no entró”.
