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Miscelánea de los rengos
Siesta. El pibe los observa desde el otro lado de la raya de cal. No puede jugar, sus piernas no se lo permiten. No le importa demasiado, se siente parte, alentará a sus amigos, les dará indicaciones para que el nueve no quede solo.
Se acerca la hora de la leche, Esténtor grita: “el que hace el gol gana”.Vuelven juntos abrazados, los buzos que hasta no hace mucho tiempo fueron arcos, cubren los hombros. Se ríen, entre amigos los triunfos se disfruten más y las derrotas duelen menos.
Ricos, pobres, de derecha, de izquierda, agnósticos, religiosos, todos somos recibidos con los brazos abiertos por esa Babel que solo exige el guardapolvos de la pasión por la pelota, no importa lo que haya debajo.
El fútbol permite milagros, los que pierden todos los días, ganan; los egoístas, comparten. Como dice Eduardo Sacheri: “Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: NO SABEN NADA DE FÚTBOL.”
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Martín Momo