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María C. Rivarola

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Lo que duró Enero

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Llegaste cansado del trabajo y me diste una ramita que cortaste del jazmín. Te fuiste directo a la ducha. No había máquina de afeitar y te ofrecí salir a comprarla, pero hacía calor; y te dejaste la barba y te acostaste al lado nuestro. Tenías olor a agua fresca. 

Ella está tan relajada que él disfruta mirarla. Y nos reímos cuando me tiro en la cama haciéndola saltar. El espacio que ocupa es el mismo que la semana pasada y que un mes después. Y voy otra vez al baño para traer aceite y algodón. Y yo busco el talco de azucenas invisible. Aparecen medias viejas.

Él se ve contento, los ojos le brillan y me lee en voz alta todo lo que  quiero saber. Ahora quiero mirar la tele. Ahora tengo ganas de comer. Ella lo nombra, él no termina de acostumbrarse a la idea. La cara de mi jefe se cruza entre nosotros. Abro el correo para mandar ese trabajo y sigo para la cocina. ¿De qué tenés ganas? No sé, algo rico. Se acostó con el pelo mojado y se le formaron rulos que ahora caen sobre los almohadones. Está hermosa.

Por la pechera del delantal de cocina asoman los pelos del pecho. Una gota cae por la frente. Se levanta de la cama y pone música. Lo miro cocinar mientras busco el tema cinco, y es como si me estuviera acariciando.

Hablan de las vacaciones y lo de siempre. Ella quiere ir a Córdoba. Vos preferís la costa, ya sé. Pero tenemos ganas de quedarnos acá. Preparar la casa y esperar. Papas con mayonesa.

Es la mañana de algún sábado cuando de golpe la temperatura desciende. Y ese frío me escarcha una lágrima. Yo te abrazo y no sé qué decir. No puedo hacer nada para frenar la nieve.

Permanecen acostados todo el día, estáticos y en silencio. Hacen fuerza entre los dos para que se quede. Pero no es suficiente. El verano huye para el otro hemisferio y se lleva las golondrinas del bulevar y los jazmines, sabemos que no vuelven hasta el año que viene. Sus ojos no hablan ni los míos contestan.

Unos días más tarde nos vamos de vacaciones, creo que a la costa, o a Córdoba, no recuerdo bien. No me acuerdo tampoco si alquilamos una casa o fuimos en hotel. El invierno congela su memoria.                                                                               

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                                                                        / Ce