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DesCotidiano
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Comenzó el día esperando lo más trágico que le puede suceder para estas fechas, llegando con los minutos justos; esos que en la cama son mas importantes que las ocho horas de sueño. Desayunó ligeramente para sobrellevar el trajín que le esperaba, el mate cocido humeaba, las galletas y frutas secas pintaban un cuadro de naturaleza muerta. Miraba el reloj, que a cada trago marcaba la cuenta regresiva. Subió a la moto, todavía deglutiendo mientras se ponía el casco. Desde su casa hasta el trabajo la zona no es muy amena, personas husmeando en al basura, personal de planes sociales cumpliendo su función, hasta que llega a calle Mendoza, ahí una cola inmensa. Bajo su campera negra, impermeable, cruzó el blíndex. No había energía eléctrica, el banco no operaba.
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Huella en una firma
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Sonó el timbre, el número cuatro resonaba en el salón; mi compañero personaje soberbio, despacha como en cinta embaladora a quién pase por el. Seguía el numero cuatro sonando. Mas de ocho segundos no paso, cuando una señora con bastón es acompañada por el oficial de policía, la tengo en frente munida de un documento; lo pasa tímidamente. Me habla sobre una autorización. No la escucho, hago que firme el ticket, mientras cuento el dinero veo que la firma no coincide. Voy hacia la calle en busca de la dueña de la firma, camino por Mendoza, ahí estaba en el asiento de atrás, era la hermana, tullida con la mirada vergonzosamente tierna.
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Tormenta
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Era un día soberbio radiante, me preparé bien temprano, ya tenía el aroma en mi piel. Llegue a la guardería, no había mucha gente; será que por el fin de semana largo se han ido de viaje? En la espera, tome unos mates en el parque frente a los botes, lo máximo en el olvido. A los minutos llego el resto. Y al toque ya estábamos en el agua. Quique advirtió que teníamos que volver antes, pero le dije _ Dejate de joder, mira el cielo que pintado esta con esas nubecitas pastel. Y me dice _ El pastel te va quedar en los calzones si volvemos tarde. La mitad del canal era el purgatorio, remada a remada, el agua pegaba en la cara, la costa no se veía.
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Bolsa.
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-Pase, quien sigue? Dijo mi compañera, se acerca una señora _ Me puede atender? Es que hace una semana me recuperé y tengo que llevar por un tiempo esta bolsa. La interrumpe sin dejar terminar. Se retira, al irse ve que colgaba algo extraño de la cintura.
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Perro negro
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Salí de casa, iba de mi prima postiza. Ella estaba enferma, tanto era la amistad de nuestras madres que ameritaba una visita. Sacrificaba una tarde bellísima, optando por pedalear hasta la casa. Las llantas desinfladas hasta papel de calcar, teniendo que ir en busca del balancín y que casi rompo el pantalón buscando el interruptor. Pedaleé, pedaleé, ya casi a unas cuadras; un barrio hermoso! Me levanto del cemento con un pero negro enredado entre mis piernas. Chau pantalón, chau llantas, chau prima, chau tarde.
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ANDREA C.