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niebla de tucumán
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los cerros, la niebla telón de fondo.
un calor insensato, las bocinas, los motores,
los ruidos que no esperábamos.
crepitan los pasos en las veredas angostas,
se apuran para que no los trague la boca
profunda de la siesta. los vendedores ambulantes
y sus mantas y sus cables como cordones umbilicales
prendidos a los faroles; el pollito pío en todos los parlantes
trina en los patios de la casa de la independencia,
el balcón donde fumo mirando los cerros,
la niebla inexplicable de esta mañana.
me dicen que la niebla no es niebla:
es tierra en el aire, nubes de tierra
que hacen de los cerros puro contorno.
cuando llueve, la tierra se aplaca
y se ven los árboles y las casas
y el cristo en los cerros.
niebla de rosario
el calor desconcierta ahora
que hemos expulsado microscópicas
partículas de agua de los pulmones.
nos dejó la niebla brazos vacíos que nunca
nos acunaron, más bien nos apretaron un poco.
las caras desaturadas, los árboles, el río,
el edificio de enfrente: meros
ejercicios de la imaginación.
transpiran las calles mientras camino
como si protestaran ahora
su nostalgia de agua.
glosa
el aire se cuela por las grietas,
es brisa de a ratos y la tormenta:
promesa adherida al paladar de la siesta.
adivino gotas metálicas, su repiqueteo
en este techo que no guarece nunca del todo.
las imágenes que atrapo se pierden
en el sopor de esta hora en punto muerto;
algunas quedan
tendidas como ropa ajena.
el aire espeso, el vuelo atropellado
de las aves, la inquietud vegetal:
te toca la inminencia con los dedos
de un sentido todavía sin nombre.
trinan los pájaros y avisan que viene
el viento a desbaratar el orden
cansino de las cosas.
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LAURA ROSSI