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La vida está hecha de desamparos
de desencuentros y de olvidos.
De lunas que nos tocan
como un amor en la orfandad.
Será mejor escribirlo
antes que llegue la desgana
el sueño
o el insomne alrededor:
esa fisura en que hemos
aprendido a vivir
en el borde del papel.
Fantasmales
fugaces
son las presencias queridas.
Siempre se vuelve a estar solo
y con el corazón estrujado.
La vida está hecha de amores prohibidos
de aquel amor de la suerte
de la luna
y la orfandad.
La vida está hecha de adioses.
No preguntes.
No me expliques.
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