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Cortesía

Matisse

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CORTESÍA
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Mi terraza es de baldosas naranjas
y por cortesía con el cielo
nunca quise cubrirla
con esas membranas plásticas
cegadoras
de aluminio.
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Cerca de las nubes y el río
desde el aire
parece una hoja a cuadros
lista para pintarle
una fruta
o dos peces de Matisse.
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Esa clase de baldosas pizarra
de trazado tembloroso
autos de plastilina
o canchas de fútbol
para equipos de botones.
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Por cortesía con el cielo
con un trozo de carbón
sobrante
de la última parrillada
se pueden escribir poemas.
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Yo quería escribir
de un modo que vos no supieras
deseando
en secreto
que se enterase todo el mundo.
Quizá el telescopio Bubble
el Google Earth, el Maps
los espías de Obama
o el avión de catastro
que actualiza el impuesto inmobiliario.
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Alguien habría de avisarte.
Porque alguien lee las terrazas:
aviadores, satélites
la voz del viento
la vecina del séptimo
como un niño convaleciente
espera que uno de esos garabatos
de carbonilla
sea la paloma de Ungaretti
demorada
de otros naufragios.
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Por cortesía con el cielo
a veces
el poema es penitencia:
DEBO ESCRIBIR CIEN VECES
te amo te amo te amo
y si en un renglón
me aburrí y salió
te amé
dos más abajo
te amaré
te amaré
hasta en la terraza del vecino.
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¡Qué dicha
perforarle, penetrar
la tierra
del Plavicom fibrado!
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Por cortesía con el cielo
alguien habrá de avisarte.
Y que vengas rápido
porque no son más que garabatos
de carbonilla
en las baldosas naranjas
antes de la lluvia.
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Marce