.
EL GATO DEL CEMENTERIO CENTRAL DE MONTEVIDEO
.
.
Es el gato de la portería
un macho mestizo
de dorado macilento.
Vive en el atrio del camposanto
donde comparte escudilla
con un gallo gordo y viejo
que no canta.
Hay también dos policías
un par de sepultureros
tres administrativos.
.
El gato está siempre mirando a la calle
como decir el infinito
para un gato
aunque es posible que esté cautivado
por dos hermanitos,
nene y nena, 4, 5 años
de la florería de la ochava,
enfrente, que toman un Toddy,
pegan figuritas
o se corren un “arriba la celeste”
donde calle Petrarca
termina en el río. El río,
como decir un mar para nosotros.
.
Los días de lluvia,
dice el administrativo
que me autoriza a sacar fotos,
el gato del cementerio
Central de Montevideo
va por las tumbas
y retoza sobre un Batlle Berrés húmedo
un hijo de Artigas a la intemperie,
o el busto de Zorrilla chorreado
del verdín del bronce y el musgo.
El Central es un cementerio donde hay
que tener encanto para pudrirse.
.
El gato vuelve a su cuclilla
en la recova de la entrada
y uno podría imaginar lo más obvio:
que está allí esperando
a alguien que se ha ido.
Es lo que haría un perro.
Pero un gato
-encima uruguayo-
sólo puede estar esperando
el infinito
que demora en llegar
la eternidad.
.
.
Marce
.
