. . Todavía no llega Ariana, Esteban está solo cuidando a su madre en la casa. Poco esfuerzo físico, la mujer ya debe pesar treinta kilos, se manipula como una muñeca. Desmadejada, eso sí. Cada dos horas hay que limpiarla. Lleva dos meses acostada, ni siquiera se sienta en la cama inflable y el enemigo son las escaras. Esteban la revisa, el suero (único alimento), aumenta el ritmo urinario. La orina, ahora, ha pasado los pañales, el paño traversa y algo como un agua rosada dejó una mancha en la sábana turquesa que si no recuerda mal, sus padres compraron en Uruguayana en 1979. ¿1979? Esteban piensa en otro mancha. . Hay que sacar todo rápido, le enseñó su amigo y colega del Hospital Italiano, Ale Parolín, cirujano plástico, dermatólogo. Esteban pone debajo del cuerpo de su madre el cambiador de cuerina verde, se coloca los guantes de látex y quita los pañales descartables (son dos, uno enorme por fuera y otro ajustado en el medio), los tira en el cesto y comienza a limpiar el pubis de su madre. No solo no tiene repulsión ahora que se le ha hecho un trabajo, una rutina, sino que trata de hacerlo con cuidado y delicadeza, él cree que el pudor y la ternura le servirán cuando todo haya terminado. Muy pronto le dijo su colega, el Dr. Estañán, hace ya varios meses. . Pervinox, Platsul, la colonia Heno de Pravia, la cinta adhesiva, la cinta de papel, la tijera, los pañales limpios, el de afuera, el de adentro, las toallas, el alcohol, el suero con dextrosa. En Rosario hace 40 grados de calor, y ni bien termina la faena se acerca a la cara de su madre por la recompensa. Ella le da dos o tres piquitos en la mejilla, los dos parecen el perro de Pavlov, reaccionan al estímulo. El amor es un reflejo. Esteban revisa el suero, si el goteo es correcto y sale al patio, al lavadero, hay que fregar la ropa sucia antes de ponerla en remojo para cuando venga Esther a lavarla, y fregando el agua rosada de la sábana turquesa, de 1979, recuerda aquella otra mancha. Una de las primeras, a los 16 años, en el pantalón de franela gris del uniforme del Colegio Sagrado Corazón. Aquellas noches de septiembre que comenzó a acabarse en seco, la mancha de semen, ese pegote de almidón pastoso y abundante en el pantalón, mientras besaba y acariciaba en el zaguán a aquella noviecita que creía que los besos dejaban marcas indelebles en la cara. Manchas. . Esteban se recuerda escondido y temeroso en la primavera de 1979, en este mismo lavadero donde está ahora fregando una mancha de agua rosada. Y recuerda que después, debía intentar borrar la aureola húmeda con el secador del cabello, en el baño de abajo, silenciándolo con varias toallas a las dos de la madrugada. Y recuerda a la mañana siguiente, cuando su madre, la muñeca desmadejada que yace a diez pasos en ese instante, advirtiendo el problema de la mancha, la aureola desvaída pero amarilla y segura, le dijo con una imperceptible sonrisa pudorosa: “yo te limpio los pantalones…” . Esteban volvería a acabarse en seco muchas veces en 1979, incluso en noviembre, cuando sus padres fueron a pasear a Uruguay y Brasil y trajeron estas sábanas, pero ya no fregaría sus pantalones, ni el del uniforme, ni los jeans, ni las bermudas, ni los boxers hasta unos diez años después que comenzaría con los pañales de sus hijos. Al volver del patio, su madre duerme tranquila bajo el zumbido de los cuatro ventiladores, dos de techo, dos de pie. Esteban prende la tele sin volumen, enciende su Netbook, revisa el celular y luego abre un cuaderno de tapas de hule donde escribe una novela. No sabiendo para qué. ¡Para qué escribir…! . . Marce 15-2-15
Fragmento de la novela en proceso, NO SABIENDO PARA QUÉ.
BOLDO
.
–
Además de todo,
nos dejaron una ferretería:
boldo es letra de mamá.
El resto, del viejo.
Arandelas, chavetas,
tornillos, tuercas,
remaches, bisagras
pinzas, llaves,
niveles, clavos.
La vida del esmero
reparar con un plan
de ahorro, …
.
ENERO
.
.
A sus pasos que siempre
la traen desde el río.
A sus auriculares blancos
sobre la musculosa negra.
A su antorcha en la cabeza
por fuera y por dentro.
Al …