.
ENERO
.
.
A sus pasos que siempre
la traen desde el río.
A sus auriculares blancos
sobre la musculosa negra.
A su antorcha en la cabeza
por fuera y por dentro.
Al sello pudoroso de labios
del saludo
antes de los besos lúbricos
en la cama.
A sus muslos duros,
largos
hasta unas caderas sin eufemismos
en la piel blanquísima
el pigmento resplandece
en su mirada profunda
la sonrisa de rabillo.
.
A su hablar exacto, firme
sus pausas, la convicción del buceo
sin el aire suficiente.
Puede ser dura
cuando debo alzarme
para el beso, más o menos
según el calzado que se haya
puesto ese día.
.
A todo lo que ya sabemos
y aún no ha sido dicho.
A que siempre llegue por detrás
desde el río
y me abrace mientras leo
presintiendo en el vigor del jabón
la hora de su baño
la espuma.
.
Uno se acostumbra a ser feliz.
Es algo simple,
una rutina
que podría poner en la alarma del celular
todos los días
a las siete de la tarde.
.
.
Marce
.
22-01-2015