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RUFINO

bicicleta

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RUFINO

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A los 10 tuve una bici dorada
y papá me hizo creer
que era la primera GT del continente.
De Rosario, tal vez.
De Tablada, seguro.
Desde entonces
nadie supo, como yo,
lo que es rajarle a la muerte
al asma, un kilómetro
dos días, ir hasta Rufino
en tres noches
dormir en la banquina
hacer dedo a un camión jaula
y mirarnos a los ojos dos leguas
con una vaca Hereford
a la que un pibe
iba ordeñando en el viaje.
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Al cuarto día
volvimos en tren
con el cuadro de la GT al hombro
y las dos llantas en ristre.
Cinco kilos menos
recuerdo de los bigotes blancos
de la lecha gorda y la escarcha
que tajeaba la mano al chico
y endurecía como grasa
en el bamboleo de la ruta
cuando la vaca pateó el balde
y salió el sol, como si hubiera
sido algo así, fáustico
lo que acabara con la noche.
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Esa clase de hazaña
modesta y simple
que alarga la vida
de un corredor de fondo.
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—————————–Marce
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Pueblo Esther, 19-03-2015