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Hologramas

hologramas

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HOLOGRAMAS

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Stephen Hawking es uno de mis poetas favoritos. Acaba de decir que el cantante de One Direction, Zayn Malik, no ha dejado de participar en la banda, puesto que existen mundos paralelos, donde de seguro, aún está cantando “Tú y yo”, con el grupo. Pessoa lo dijo unas cien veces en el Libro del Desasosiego, hace cien años, y Bioy lo probó, en 1940, con una máquina de hologramas, invención del Dr. Morel, discípulo de Moreau, de Wells, de Stevenson.
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Ahora es sábado a la mañana y yo estoy corriendo por mi cinta de ejercicios del gimnasio, las máquinas están en la vidriera hacia la calle Alem, cuando de pronto, por la vereda, pasa una amiga que hace años que no veo. A vuelo de pájaro, los dos nos reconocemos entre los brillos, reflejos, sombras. Ella afuera, yo adentro. Dos figuras, dos rayos, dos hologramas. ¿De dónde viene cada uno? ¿Dónde estaba ella cuando no estaba…? ¿Dónde estuve yo mientras te amaba y escribía a otra mujer…? Yo también reconozco a mi amiga. Los dos vamos apurados, incluso yo, aunque esté en una cinta fija, parece que siempre estoy en mis habituales taumaturgias de salvar al mundo.
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Nos miramos un instante, es Gaby… Gaby con su marido. Gaby de frente, de perfil, Gaby aquella tarde en el taller de calle Laprida, leyendo sus haikus. Gaby en Mc Namara la noche que nos peleamos. Gaby en el City Center cuando agarró un pleno con el 17, la desgracia. ¿Es Gaby? ¿Es Marcelo…? ¿Es Pereda, Tesalio, Carusso Lombardi? Los dos nos tiramos besos con la mano. Felices, eufóricos de reconocernos en la pantalla. Nos quisimos mucho, sabremos siempre cosas terribles del otro. Y las guardamos amorosamente, con pudor, el que teníamos entonces. Todos estos años nos seguimos queriendo en mundos paralelos, agujeros negros, las teorías de cuerdas, el Big Bang.
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–A mí dame física cuántica, no me rompás las bolas con Newton, que ya no leo a Darío, ni a Neruda, ni el Borges de los sonetos. “Tú y yo” somos One Direction, una sola dirección, lo que fuimos, seremos. Somos, el bolero de Mario Clavel: un sueño imposible que busca la noche para olvidarse del mundo, del tiempo y de todo.
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–Hagamos una cosa -dijiste-, yo le pongo “Parménides” al perro y vos le ponés “Heráclito”, al gato. Y así ajustamos los dos tiempos. El ser y el tiempo. Hagámonos una libreta de matrimonio virtual, un holograma, un poema, esos certificados de concubinos que dan en tribunales con dos testigos falsos. Los reflejos permanentes, las sombras de lo que “fuimos seremos lo que seguimos siendo”. No podemos decirlo en presente, ni estar todo el tiempo en el mismo punto. La invención de Morel, One Direction, el Big Bang o el bolero de Clavel,.
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Ya lo dijo Pessoa, hace cien años: yo soy Fernando, soy Bernardo, soy Alberto, soy Ricardo. Yo estaba allí y estoy acá, y estuve siempre y estaré, como el polvo de Quevedo, polvo, más polvo enamorado…
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Beatriz Elena Viterbo había muerto hacía trece años, pero él agarró su retrato (lo agarra hoy, todavía, en un sótano de la calle Garay, en Buenos Aires, aunque Kodama lo haya enterrado en Ginebra) y dice: “ Soy yo, Beatriz, soy Borges…”
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————————–Marce
02-05-2015