. Esta mañana fui como siempre a nadar al Sindicato del Seguro y ahí estaba, escondida, tímida, su primera vez, en nuestra pileta. Primera vez y ya le vi los hoyuelos en las mejillas y una picardía en ciernes en las comisuras. Las piernas abiertas en un dos piezas negro: tengo un amigo que dice que las mujeres que se sientan con las piernas abiertas son peligrosas. ¡Como si hubiera otras…! . No estoy seguro, pero me hizo acordar a otra chica que me gusta, una que conocí hace dos semanas, en la niebla, volviendo de Alcorta. Y ahora espero que siga viniendo, a la piscina o a la ruta, al menos en horarios parecidos a los míos, que son casi todos, porque apenas si trabajo en los intersticios que deja el fantasmeo alrededor de la bruma. Como un idiota: el hombre que amaba a las nereidas, de Yourcenar. . En la pile también hay una especie de niebla o neblina, sobre todo, en invierno: a menudo, el contraste del frío con el vapor caliente de la carpa que cobija la piscina, levanta ese humo que sirve de velo para amortiguar la decepción que puede ocurrir en la primera mirada. . En mi caso, además, exagero el efecto al quitarme los lentes de contacto para ponerme las antiparras, y dar el tipo justo de esnorkel bizarro, desastrado, fuera de sitio. Esa visión borrosa, que (debo reconocer, en mi caso también sucede más tarde, ya con las lentillas repuestas), amplifica el efecto de fantasmeo que me permite ver a Marilyn en otras mujeres. . Últimamente, y desde el viaje a Alcorta, sucede especialmente y se enfatiza, en las nieblas, brumas, neblinas, garúas, rocíos, aspersiones en el campo, todas aguas indirectas, breves, fugaces, en ciernes. Pero esta mañana, en la pileta de calle Mitre, fue más real. Fue como esa noche volviendo de Alcorta, al punto, que yo no hubiera seguido aquel viaje, ciego y mudo con esa pared de algodón a un metro del parabrisas. Yo, en aquel instante, de verdad sentí una mano apretar la mía y la voz de la confianza, diciendo: vamos despacito, pegate a mi lado, a la derecha, ¿tenés faros antiniebla? Sí. Encendélos. Un beso. Y otro. Sin embargo, no daba para parar en el montecito de Venus de Pueblo Muñoz. . Al final, no sé bien qué fue lo que pasó esta mañana en la pileta, quizá el agua fría o la visión desangelada de esa chica nueva, una especie de angelito Bouguereau reventado, acre y rasposo, como de vuelta de todo, o más bien, como un ángel en la tierra. El caso es que se me fue de golpe toda la melancolía del día del amigo sin Fabricio, que a propósito, de haber estado ahí, se hubiera tirado al agua con silla de ruedas y todo. Y si me lo pienso, ella por sirena, y él, por rengo, los dos llevan un artefacto en sus piernas; ella, su cola de pescado, y él, su pene silla motora. . Me quedé pensando de nuevo en el viaje de Alcorta, recordé que en mitad de la niebla, aquella otra chica rubia, me hizo parar el coche en la banquina inexistente para guardar algo en el baúl. Abrí desde el tablero y ella fue sola a hacer el trámite. Pienso que allí ha debido ocultar su cola de pescado, aunque no hay rastros, ni una sola escama, salvo ese aliento fresco, húmedo y salino que me viene a la cara cada vez que levanto el capót: algo como esa euforia de niño cuando llega la primera ola a tus pies. . . …24-julio 2015. ………………………..Marce.
LOS CUATRO ULISES Y GRECIA
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Cuatro Ulises, cuatro puntos cardinales, cuatro palos la baraja, cuatro evangelios, cuatro cuartetos de Alejandría, triple cuatro, el lupanar de Madame …
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ARIANA (2ª parte)
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Cuando Ariana, la monumental asistente tanatológica, vio a Esteban tiritando, lunático, perdido, atinó a abrazarlo, rodearle su transpiración con un polar verde flúo …