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La lechuza y el hámster (El Chino 19)

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LA LECHUZA Y EL HÁMSTER (El Chino -19-)
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Las compras vuelven a caber en las manos, decrecen las unidades pero también el tamaño de cada una. Segundas marcas, terceras… envase chico, abandonar el sueño del roquefort o la suavidad del Vivere. Frutas por unidad, pero necesito un repasador, algo que limpie las superficies lisas debajo de las cuales algo se reprime, bulle, aguanta el no poder hasta que todos podamos. ¿Cuánto faltará…? Parece tan lejos y tan cerca…
Pero ahora necesito un repasador. En la sociedad de descarte, a veces prefiero no lavarlos. Algunos trapos prefiero que se percudan y tirarlos hasta que del otro lado de la superficie puedan deslizarse todos: los viejos, los sucios y algunos nuevos.
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Este viernes, pese a la primavera, parece otoño. Casi frío y gris, un poco más y sería la letra de «Garúa». A las 8 de la mañana no está ni Gendarmería por las calles de Tablada. Me cruzo a buscar esas dos o tres cosas sueltas. No llevo bolso, no hace falta. Volvimos al consumo que cabe en las manos y a tener que ir a cada rato al súper. Unidades de consumo, de tiempo, de dinero. A menudo pienso que somos como hámsters en una jaula un poco más grande.
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Y sin embargo, algo puede salir bien, porque detrás de la caja está Xia, y apenas traspaso el umbral donde Wu apila el carbón, ella, antes de decir buen día, me explica que es una excepción, que no va a trabajar en el chino familiar y que sólo está allí porque Nancy tiene alguno de los niños enfermo.
Entonces la ternura fluye, esta vez soy yo el que sonríe como un chino silencioso o enigmático en la pausa del arrozal. Elijo un repasador naranja con unas flores exageradas que me recuerdan el vestido de los pobres pescadores que abrigan a la señora Isotta en el cuento de Calvino. Pago las cuatro cosas, Savora, huevos, leche y un repasador. 135 pesos. ¿Cuánto vale un hámster? ¿Cuánto pesa?
Estoy a punto de salir, y Xia me llama mientras saca una bolsa pequeña de nylon oscuro sin marca de abajo de la caja. Un regalo, dice, es una lechuza toba, gorda y verde. Preciosa.
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Maotouying, dice ella. Lechuza dice, maotouying. Es suerte, para tu libro, dice y me escribe lechuza, o más bien, lo dibuja en el reverso del ticket de 135 pesos: 猫头鹰.
El hámster, yo (¿qué otra cosa es un escritor…?), empiezo a cruzar la calle y la ternura fluye, se me expande el corazón, pasaron apenas diez minutos y en algún lado debe estar saliendo el sol. En China, sin ir más lejos.
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…………………………….Marce…
26/0ct/18