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Tablada Brooklyn (El Chino 20)

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TABLADA BROOKLYN     ….(El Chino 20)

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El narrador está terminando de repasar su primera clase de literatura norteamericana. No recordaba que Edgar Allan Poe se había escapado de la Escuela Militar de West Point, donde se le ocurrió enviarlo a su padre adoptivo, el millonario John Allan. Recuerda que Arlt se escapó de la ESMA, a los 10 años. Recuerda que los dos murieron a los 40 años. Recuerda que vivir mucho puede parecerse a una prisión domiciliaria. Y de tanto recordar, recuerda que la anamnésis, esa forma gnoseológica de Platón, era la favorita de Borges. Entonces recuerda una escena de la película «Cigarros» en que Auggie (Harvey Keitel) barre la vereda de Brooklyn junto a un paisano con cierto retraso mental que lo asiste, y junto a Rashid (el pobre pibe negro que no deja de meterse en problemas). Tres hombres mínimos en la capital del imperio barriendo la vereda.
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Tablada podría ser un Brooklyn pobre del sur. Del sur de Manhattan, del sur de Rosario. Y Rashid podría ser el Chino, alguien que no es del lugar pero se refugia en una tarea humilde en un local de alimentos en la periferia. En la escena, él (el narrador), debería ser Paul Benjamin Auster (William Hurt), sin embargo, lo que sucede ahora no es del estilo de Poe sino más bien de Walt Whitman. Algo más vital, fresco, cotidiano, la clase de percepción que no está en los libros sino más bien en el aire, en el asfalto, en el habla de la gente común. Impulso. Impulso. Carpe diem. 
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Exterior día, calle Ayolas, un Pol Benja (se dice en el slang de Tablada si el escritor además de barrer, es del barrio), está barriendo la pelusa roja de su árbol destapa tubos de la vereda. Tiene una escoba de paja antigua. Enfrente, el Chino barre la vereda del super con un escobillón plástico. De pronto llega Roberto, el jardinero del barrio que trabaja en Parques y Paseos y completa su magro salario atendiendo casi todos los jardines de Tablada. Esta tarde va a trabajar en el suyo, le dice a Poloster de Ayolas, pero necesita (exige), una escoba de pajas largas para rastrillar el césped. El jardinero usa una expresión artificial, más acorde a Poe, dice: el viento y la lluvia de ayer ensuciaron todo el pasto.
¿Cómo podría el viento ensuciar el pasto?, se preguntaría Whitman, y recordaría que Poe se educó en Inglaterra y escribía afectado como Scott y nunca supo tomar el 115 o el tren que lleva de Manhattan a Brooklyn.
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Hay que comprar una escoba nueva, pide Roberto. Se cruzan al chino. Poloster lleva su escoba en ristre y los recibe el Chino en la vereda con su escobillón. Roberto sale del local con su escoba nueva de paja larga y de pronto están los tres en la vereda comparando sus escobas, su solidez o su astucia, un lenguaje de ritmo que va quitando del piso la hojarasca inútil, esa pompa sobrante que Whitman le quitó al poema en Hojas de Hierba.

Entonces, el Poloster de Ayolas vuelve a su clase y recuerda que barrio (sustantivo) tiene la misma raíz que barrer (verbo). El arrabal (de lo que sea), tiene que barrer toda la basura que arroja el centro (de lo que sea). El barrio es lo que queda después de barrer el artificio del árbol o del lenguaje. Y recordando la escena en la esquina de Brooklyn, se repite la escena en Tablada, tres hombres cualquiera, un chino, un jardinero y un escritor barren una vereda, sonríen, pitan un faso y se convidan una lata de cerveza. 
Antes del fade final, hay una cámara subjetiva que parte del ojo del jardinero hacia el extremo de la escoba. El gesto satisfecho del hombre rudo, del campesino, parece encontrar la simetría justa entre el largo de la mano y la hoja de hierba. 
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………………………………….Marcelo Scalona…

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