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LUIS GIUNÍPERO

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LUIS GIUNÍPERO

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El psicoanalista se lleva una parte de uno, dijo mi amiga (psicoanalista), cuando me avisó al mediodía que había muerto LUIS #GIUNIPERO. Ahí va una parte de mí entonces, tres partes al menos, tres momentos cruciales de mi vida que él me ayudó a comprender, esperar y seguir. Como sucede con los grandes afectos (no voy a ser objetivo ahora), apenas supe que había muerto, lloré, pero con las horas fui recordando momentos hermosos del análisis y me repuse. 
Me consuela también, que siguiendo la enseñanza de Haroldo Conti («a la gente que uno quiere hay que ponerla en nuestros libros para que pervivan»), Luis estará siempre analizando a Esteban en «El hotel donde soñaba Perón», haciéndose el muerto para escucharlo, sonriendo de rabillo, imperceptible, cuando el Pereda del medio vuelva a repetir una tara y el analista le explique que no debe seguir con el amor cortés, y que a veces. incluso, lo que sueña es lo real. Hasta aquella vez (la única), una escena de ficción, en que Luis le pega a Esteban con el diario enrollado en el brazo para darle coraje o convicción en el momento de la despedida, cuando los dos ya de pie, mirándose a los ojos, se dan algún gesto amoroso que ayude a volver la próxima semana.
Además del análisis, de las conductas, de las ideas, Luis siempre me hizo sentir su compasión: la terapia tenía una corriente invisible pero segura de afecto. Un analista desea que su paciente vuelva al deseo. ¿Termina eso? Emily Dickinson lo dice mejor: «Todo lo que sé del cielo son nuestras despedidas».

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…………………………..Marcelo Scalona………………

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