MIRARTE es mi versión (una de ellas), de tener un alma. O mi versión
(una de ellas),
de una moral innecesaria.
En la noche
la quietud de tu sueño
mi fatiga amorosa
es una versión inmóvil
trágica
pero ni bien me alzo
en la mañana
se vuelve cinética:
me hace buscar
otras versiones
de tener un alma
aunque no son tantas
escribir, leer
o recordar el tiempo
en que uno podía tocar
sin temor a las personas.
El miedo es la gran versión
de no tener un alma.
Hay días que mirarte
es mi única versión
de tener un alma.
.
.
PUEDO ACOSTUMBRARME
.
.
A sus pasos que siempre
la traen desde el río.
A su antorcha en la cabeza
y el sello pudoroso de labios
del primer saludo.
A su piel blanquísima
donde …