.
Fragmentos de un Discurso de la Cuarentena.
.
En mi mesita de luz hay una pila de libros con señaladores que sobresalen para un lado o el otro. Hay una antología de cuentos, una novela, ensayos, también algunos cuadernos. A la noche elijo uno y leo hasta tarde. ¿Vale todavía esa categoría o después de más de una semana de encierro la damos por caduca?
Anoche (y antenoche también; ¿o fue el día anterior?) elegí uno de los libros prestados de la biblioteca que, para mi fortuna, quedó varado en casa por tiempo indeterminado. Hace un par de semanas lo mencionaban en las primeras clases del taller, cuando hablábamos del tema más famoso o recurrente: el amor (si se habla de literatura, tarde o temprano, se habla de él, ¿no?). “No me voy a poner a disertar sobre el amor, no se asusten” dijo Scalona, y nos invitó a leer “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes.
A diferencia de otros libros de la biblioteca, en cuya ficha figuran pocos préstamos, el ejemplar de “Fragmentos…” que tengo en casa es de los que han sido leídos muchas veces y lo muestran: está subrayado, anotado, con unas cuantas páginas dobladas y devueltas a su lugar por un afán bibliotecario. Algún lector muy entusiasta incluso dibujó flechas enormes, con algo de resentimiento diría yo. Otras anotaciones están escritas con trazos más finos, que supongo son de un lector anterior, señalando interpretaciones de otro tipo. Por momentos me distraigo imaginando quiénes son los autores de esas marcas y qué sentidos le dieron al texto o a las palabras destacadas. En una de las páginas, que lleva el título «La resonancia», estos lectores dialogan de un modo peculiar: el entusiasta de las flechas ascendentes señala y reafirma lo que otro escribió con una cursiva prolija. La lectura entonces se hace doble, o triple, cuádruple, infinita. En su libro, Barthes anuncia al margen algunas de las lecturas que él mismo pone en juego en su escritura. Los lectores anteriores también dejaron sus acotaciones, plasmando algo de sus rasgos más íntimos.
Yo me permito hacer lo propio y dejo esta cita por acá: “Querer escribir el amor es afrontar el embrollo del lenguaje: esa región de enloquecimiento donde el lenguaje es a la vez demasiado y demasiado poco…”.
.