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Un padre sin verbos.

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UN PADRE SIN VERBOS.
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Mi padre en la ventana verde, mi padre en Villa Manuelita, el Oski en París, Umberto en Italia. Oscar Umberto. Sin H, como el Rey de Italia. 1924. Rosario 2014. Papá en la habitación 109 del Sanatorio Americano, el cartero de Pichincha, el fabricante de bicicletas o de sueños, la noche de Reyes con el murmullo del complot, con mi madre, para mi sorpresa, la bicicleta Bengoa rodado 16. Dorada, áurea, una corona con ruedas, el mejor remedio contra el asma, la fuga. Cartas y viajes, las promesas de las chicas de la Zwi Migdal, oficio de loco, misión terrible, repartidor de la escritura de la devoción o la gratitud de Varsovia, Belgrado, Ucrania, coleccionista de los matasellos de los sueños de los ladrones de bicicletas, de los rufianes melancólicos. Rufianes. Malditos.
La ventana de mi padre, un blanco sucio, un gris manchado por la lluvia, como el hombre desgastado por el tiempo y su desdicha. Y otra vez la puerta, 109, afuera la muerte, adentro la vida ¿o al revés?).
Una ventana verde, calle Ayolas, los dos linderos baldíos, una hipoteca argentina, Perón, la casa verde, la infancia, siempre en domingo, el feriado puente, “estos negros de conga” y una fiesta modesta, sus paquetes de papel de estraza: una horma de queso, un vino oscuro sin etiqueta, la botella de leche de vidrio, los churros del Gabino, la escarcha en el patio, un tango de Goyeneche.
Mi padre, el hombre verde con dos trabajos y sin verbos. Un satori de Tablada, un kenshó silencioso de una vida entre dos arroces con manteca, almuerzo y cena. Afuera la vida, adentro la vida, un instante. 90 años.
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………..Marcelo Scalona.
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