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Los ahogados (a Gustavo)

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LOS AHOGADOS.

a #Gustavo

Cada tanto pasa frente a mi casa un muchacho que alza el brazo y me saluda, me grita: «Gustavo» y se aleja, a pie, en bicicleta o desde la ventana de un coche. La última vez iba a bordo del 133, Rojo. Está convencido que que yo me ahogué en el río Paraná, en el camping de La Vigil, el domingo 10 de noviembre de 1974.

Una vez se detuvo y me lo estuvo explicando. Me contó la desgracia, cuando un chico, que jugaba con una pelota de goma, un pulpo, en el río, se hundió a buscarla y desapareció hasta que fue hallado río abajo, cinco días después, en Arroyo Seco. Van a cumplirse veinticuatro años.

Su confusión (terca por cierto), proviene de alguna semejanza física, y de que yo y Gustavo andábamos todo el día juntos. Hermanos, mellizos. Escuela, plaza, iglesia, cine, club y al final nadie sabía en el barrio cuál tocaba el timbre y cuál salía corriendo.

Aquél grupo de pibes con la camiseta de fútbol de la biblioteca éramos un hatillo informe, una sola cosa, barrilete, pelota y jugar a «Combate». Ese día fatal de muchas maneras nos hundimos todos. Algunos salimos a flote más rápido, pero el agua siempre está cerca. En todo caso, los 10 de noviembre las lágrimas podrían llenar un balde y ya se sabe, en un balde se puede ahogar un niño.

El que fuimos. Pero aún no ha podido saberse. O separarnos. A veces me halaga la confusión terca de este jovencito que hoy a vuelto a pasar por mi casa y ha gritado (esta vez desde el 147, Negro), con el brazo en alto el nombre de mi amigo. Y quién sabe, entonces, pienso… es probable que yo me haya ahogado aquel domingo y Gustavo esté ahora escribiendo estas notas, llorando todavía, como se debe.

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……………Marcelo Scalona.

Del libro EL ALTILLO DE MIS OFICIOS, Ed Corregidor, 1998.