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A menudo soñaba con las pinturas de GUSTAV #KLIMT. Pensaba que en algunas pinturas se podía vivir, quedarse en el espacio de la tela o en el tiempo del sueño. Una vez, en la National Gallery de Washington, del lado que están las esculturas de Calder, encontró una niña rubia, pequeña, que vivía dentro del Jardín de Vetheuil de Monet.
Otra vez, Jacobo, su amigo rabino, le dijo que él había conocido a Judith, de Klimt, que vivía en su propio retrato en la Galería Belvedere, de Viena.
Otro amigo, Marcelo, un sacerdote católico que vivía en Roma, en la casa de los curas bayoneses en Vía Brunetti, le dijo que no sólo la Iglesia, sino el mismo Dios sobrevive gracias a las pinturas, a los retratos que le han hecho Da Vinci, Michelángelo o Botticelli.
¿Y Klimt? ¿Por que él sueña con Klimt?
Un astrónomo agnóstico y poeta, Sandleton Ruíz, de Honduras, a quien conoció en un encuentro literario en Cuzco, le dijo que la vida en la tierra vino de afuera del planeta, que la trajo un meteorito que cayó en dos lugares, la mitad en el Chaco, en Campo del cielo, de los indios mocovíes, y la otra mitad en Viena, en el patio de la casa de Gustav Klimt.
La vida empezó en esos dos lugares dice Sandleton, que es negro o cetrino, y tiene un telescopio en el MIT, en Massachusetts, donde también coordina un taller literario en spanglish.
«Es la cosa más normal del mundo, -dice el hondureño-, que algunas personas sueñen con las pinturas de Klimt, Ciorán soñaba con las armonías de Mozart y Borges con figuras japonesas de una lata de bizcochos. Es una información genética que llegó del espacio infinito a la tela, pasó del hierro del meteorito a la tierra, el choque produjo las primeras bacterias, la vida, y de allí al tejido o la urdimbre de los sueños. La tierra no es más que la nave espacial por la que viajamos por un universo lleno de piedras de hierro o níquel. En menor proporción alguna de las rocas tienen pequeñas esquirlas de oro y plata. Podría haber existido una piedra Klimt o que fuera una lluvia de Orión o Casiopea. Todo lo que se ve en las pinturas de Klimt es el universo, a veces de lejos, y otras, tan pero tan cerca, que reconoces a tus personas en los cuadros, a tus hijos, a tus padres, a tu mujer, a sus hombres. Incluso, a tí mismo».
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Él sabe que Sandleton (que vive seis meses al año en Massachusetts y los otros seis en Chiapas), se gana la vida como chamán, y suele venderle a deudos acaudalados, la esperanza de darles a sus fieles difuntos en modo vivo, en algún cuadro famoso. «Transmigración del alma renacentista» se llama uno de los cursos que dicta. Este año solo por Zoom, claro. Alguien lo ha vinculado al robo de galerías de arte, aunque lo que suele entregar a los dolientes son copias (bien hechas), de la casa Wizard. Trabaja con una red de expertistas, ladrones y falsificadores, aunque ya en este nivel no se podría negar que son grandes artistas. ¡Qué diferencia hay entre lo real y el simulacro, entre el arte y la vida! ¿Es que acaso quedará alguna vida fuera de las fotos, de las redes, de la imagen…?
Mientras tanto, él, anoche, volvió a soñar con «El beso» y sabe que hoy andará todo el día con esa ensoñación, deja vú, repetición de lo imposible, que ya se fue pero todavía no.
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……….Marce..
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