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Papá

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PAPÁ.

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Papá, estoy muerto

estoy ardiendo papá

no te duermas en mi funeral.

Presagio, profecía, sueño

quizá no te guste como escribo

pero hay unos climas en el texto

que son tuyos, nuestros

la grasa en las manos, la tinta

el arroz con manteca de mamá…

Papá, no quiero que entiendas

sino que te sientas afectado

y pensando en mí, viéndome muerto

me hagas pasar de la servidumbre

a la libertad, por el sacrificio.

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Ya sé que te levantaste a las cinco

y volvés a la una y apenas

comés el bocado de arroz

das una cabezada en el sillón

y otra vez a la grasa en las manos

hasta que la soldadora de manubrios

sea la última luz de la tarde.

Ya sé. Pero el deseo de volver a vernos

es una esencia nuestra

y también del mundo, de los otros

de la realidad. De todos los que están

dormidos en mi funeral

mientras yo estoy ardiendo.

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Pero vos no, papá

veme aquí descansando, ahora

yo también daré mi cabezada

de cinco minutos

después del almuerzo frugal

y escribiré hasta que la lámpara

sea la última luz de la tarde.

Yo no estaré muerto, papá

estaré ardiendo

pero vos, no te duermas.

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El revés.

Los libros de la calle inclinada 2020.