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2014
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Era en esta ventana: la cocina de calle Laprida que miraba al río,
otro 20 de junio frío y soleado. El cactus en la maceta roja había sido de mi madre. Yo lo llevaba por mis mudanzas como si fueran sus cenizas.
Solo doscientos metros me separaban de la ficción de Belgrano, el desfile, la fanfarria. Escribía la novela del hotel, lavaba ropa, preparaba clases y cocinaba pasta con bolognesa. Estaba solo, pero inmerecidamente. Abría un vino oscuro y esperaba los discursos. Mi ventana estaba apenas a doscientos metros del palco presidencial.
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Pero como dice Juarroz, uno va hacia un lugar que lleva a otra parte. Yo no sabía entonces que antes del Monumento a la Bandera estaba tu casa. Que mis ojos buscando el horizonte veían tu ventana. Que mi deseo buscando ideas para escribir encontraba un cuerpo. Alguien que no conocía, pero que ya estaba extrañando.
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De pequeños olvidos se hace el olvido y de pequeños recuerdos
otra memoria. Allí, hoy, pervive el cactus, la ventana, el libro, las clases y tu rostro más bello y dorado que el sol de la bandera. Tu amor, tu amor… que ya estaba allí pero todavía no.
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Marcelo Scalona.
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