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Ya lo conté varias veces. Escribí y publiqué un cuento que se llama LOS AHOGADOS (El altillo de mis oficios, Ed Corregidor 1998), pero hoy es norma,
rito, porque es el cincuentenario: 10 de noviembre de 1974, camping de La Vigil, Villa Gobernador Gálvez.
La escena real es un niño que se ahoga a la siesta, yendo a buscar la pelota de goma de un fulbito de cabezas en el agua, en un remanso que hay en ese lugar del río. Sigue con los esfuerzos desesperados de tantos presentes y ya en el ocaso de la tarde, las 600 personas que pasaban su domingo primaveral, de sol (como hoy), y subieron demudadas, atónitas, desde la orilla y la barranca hasta Villa Diego. Nunca volví a escuchar un silencio tan ensordecedor.
Los días siguientes, Pocho [el papá de Gustavo], iba a la orilla del río y silbaba. Lo silbaba a Gustavo para que apareciera como hacía cuando jugábamos en la vereda y había que ir a cenar o dormir.
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Gustavo era (es) mi amigo favorito de la infancia. Mi otro yo. Fue el único que cuando tuve escarlatina [era mortal en los 60], estuvo junto a mi cama los 30 días. Ni el Dr Huerta podía entenderlo. Inseparables.
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Y ahí se abre la escena fantástica: durante mucho tiempo algunos vecinos confundían cuál era de los dos el que se había ahogado. Gustavo o Marcelo. Bastante tiempo hubo preguntas y murmullos. Pero hay alguien que hasta hoy sostiene esa fisura. Es José, un carpintero de Seguí y 1ro de Mayo, que aún hoy, cada vez que me ve, me dice «Gustavo». Me lo ha gritado desde la ventana de un colectivo, desde la vereda de enfrente y la última vez, en junio, entre las góndolas del chino.
José está convencido que fui yo quien murió en el camping de La Vigil aquel día: él cree que Marcelo murió en el río y yo soy Gustavo. La verdad es que yo cargo con esa confusión desde aquella tarde.
¡Y quién sabe si yo me haya ahogado aquel día y Gustavo esté escribiendo estas notas ahora! ¡Es nuestro río de las congojas, qué palabra más ambigua es el vocablo remanso!
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Todavía conservo en mi mesita de luz su carnet de la Biblioteca Argentina de 1972. ¡Qué misterio es la vida!
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MARCE
