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El Pepe

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EL PEPE
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Anoche llegué de viaje. Diez días lejos de casa y cuando voy a desayunar, la leche de la heladera sabe agria. No tenía un cartón de reserva. Eran las ocho de la mañana y el súper chino de enfrente acababa de abrir. No había nadie en la calle, pensé que podría cruzar en pijama. Es un dos piezas fino, parece de seda, jaspeado, parece… azul, algo sobrio, y sin embargo decidí no cruzar porque enseguida vi que Wu había empezado su habitual ceremonia de los cartones en la puerta del súpero y lo chisté.
El Chino pensó que lo saludaba y me hizo la V de la victoria con su mejor sonrisa de la dinastía Zhou y del emperador amarillo Huang. Insistí con el llamado y lo reforcé con el cartón Milkaut vencido y el ademán de manos para que viniera. Cuando cruzó me pareció que se reía por el pijama o por mi gestualidad italiana, excesiva, que supongo que a los chinos le debe molestar tanto como a Borges. Wu se rió más todavía: la situación y mi énfasis se le volvían más desopilantes a las ocho de la mañana.
Le mostré el cartón vacío y estrujado, se lo di, lo golpeé dos veces y le pedí que me trajera uno. Dijo “chá”, siempre dice Chá, que significa Zen, Ya, Té, o Bueno, dale…
Cruzó la calle y al instante trajo un cartón Milkaut nuevo y completo. Me lo dio y volvió a decir chá. No sé qué desayuna él, no sé si toma leche como nosotros pero como yo estaba con mi taza vacía del Pepe Mujica que acababa de comprar en Montevideo, se la mostré, como si él necesitara saber que lo que había en el cartón, lo que él me había traído iría a parar a esa taza con la cara del ex presidente uruguayo.
Cuando Wu vio la taza, además de sonreír me preguntó algo en cantonés que no entendí. Él repitió la pregunta con la sonrisa y volví a decirle que no comprendía. Entonces Wu dijo: –Niunamei…-repitió-, niunamei.
Una fonética muy cercana a “ni una menos” y con eso no se jode, ojo… pensé si acaso en China pondrían la foto de las pibas asesinadas en los cartones de leche y él volvió a golpear el cartón de Milkaut y dijo niunamei. ¿Leche?
No me quedó otra que cruzarme al chino por nuestra intérprete, a fin de cuentas el pijama parecía de seda y no había nadie en la calle.
Wu se reía más fuerte al verme cruzar, creo que va entendiendo las normas del pudor barrial de la clase media argentina que es capaz de votar a un emperador amarillo como Huang, pero no se atreve a cruzar la calle en pijama. Entramos al súper para buscar a Fanny, la hija del Chino, la dueña del súper, la cajera, que se ha convertido en nuestro tribunal bilingüe y nos permite mejorar la diplomacia calle al medio.
Fanny dijo que niunamei es leche. Solo eso. Leche de animal, mujer (dijo), hombre, vaca, oveja o cabra. Ni una menos, volví a pensar y los tres sonreímos levemente.
Yo aún tenía en la mano la taza del Pepe y Fanny me preguntó si era mi padre y entonces hubo más risas. No, no, dije y expliqué lo del Uruguay. Fanny me pidió que no fuera más en pijama al local y dijo que la leche costaba $ 1.500, le dije que lo anotara, que más tarde volvería vestido a comprar otras cosas. Ella dijo chá y siguió concentrada en su contabilidad ideogramática en unos cuadernos Mis Apuntes similares a los de un fláneur.
Wu estaba otra vez en la vereda preparando cartones y dijo chá con su sonrisa de la dinastía Zhou y yo le respondí chá, con mi sonrisa de Nápoles, la de mi abuelo Benito, que fue también la de Marco Polo.
Desde anoche sabía que había muerto Pepe Mujica, miré su sonrisa en mi taza de él que ahora era mía, y le hice un brindis con café con leche. ¡Salute Maestro! dije… y le dije esos versos de mi poema «Mapa», como si fueran una plegaria que lo ayudara en el viaje, dije:
#Pepe, el Fiat iba a nafta, nosotros a café con leche… buen viaje compañero, chá… pase bien vó… ¡y arriba la celeste !
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Marcelo.