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MI TRITÓN
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Hacía un par de años que no lo veía. Pensé que habría muerto o escapado de tantas catástrofes que pasó ese altillo o su amo. Unos 3 o 4 años atrás supe de su existencia corriendo muebles para una fiesta del taller, y varias veces buscando papeles, repuestos, comprobantes de mi existencia. En mi altillo había un tritón, ese animalito mitológico que es una pequeña salamandra, hijos de Poseidón que traen los mensajes de la profundidad marina.
Aún con toda la batahola reciente de poner en orden el altillo, limpieza, mudanza, basura, haber tirado tantos comprobantes de mi existencia, el hijo de Poseidón no había dado los buenos días, por lo que concluí, que finalmente en esta casa quedaba un solo animal.
Pero si se trata de mitos, uno es el tiempo y el otro, la realidad de las cosas visibles. Ayer domingo 19 de octubre, por la tarde, quizá asustado o curioso por mis gritos y golpes al escritorio con cada gol de Rosario Central, le vi aparecer por su esquina de siempre, donde ustedes lo ven en la foto (montada, claro, no será sencillo tomarle una foto, rehuye del ego de su amo), es decir, arriba de la ventana, en la parte superior de la estantería metálica.
¡Pero cuánta fue mi sorpresa al verlo tan grande! Casi una iguana amigos, casi un yacaré mi tritón. Pienso que se ha estado comiendo buena parte de los papeles de esos estantes, la mayoría, cuadernos de mi adolescencia. Y lo bien que hace… confiaré de ahora en más en su sentido crítico. Pero desde ya les digo, para un hombre solo, que escribe, la compañía de alguien más en la casa es muy importante. Grandes escritores han tenido toda clase de amanuenses o talismanes o como llamaba Borges a su gato, una forma de la divinidad cercana.
Bueno, ahora yo también tengo una mascota: mi tritón que ha vuelto de las profundidades marinas. Y su compañía es de las mejores, silenciosa pero inalcanzable, arisca, reptante, aunque económica. Y lo mejor, he visto por su comida que tiene buen ojo crítico. Lo consagraré como mi musa, justo ahora que apenas siento el rasguido que hace sobre las hojas viejas cuando se desliza, y yo estaré loco… sí… pero me parece el mismo sonido que están haciendo mis dedos, ahora, deslizándose sobre las teclas de la netbook.
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Marce.
