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ROBADORES DE LECHUGA –————
————————————————————–——–a mamá.
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«Lissá» le decía su padre, como apócope de «Alessá», derivado de Alessandro que era su nombre. Tantas letras para un pobre le habrá parecido contrariedad. Era peón del campo, en la década infame, en la República Argentina: un siervo de la gleba, aún con la ley Sáenz Peña. ¿De qué otro modo podía morir de tétanos a los treinta y cinco años? El pueblito se llamaba «Los Cardos», una planta llena de espinas, ya se sabe.
Entonces, una de las pocas posibilidades de aprender a leer y escribir, era metiéndose en el seminario de los curas. De esos libros sacó Lissá estos versos subversivos:
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«… y pasábamos hambre en campos hartos de trigo».
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Quedaron siete huérfanos y la madre. La mujer era poca cosa en esa época. «Sirvienta» deriva de sierva. El servicio se le hacía al dueño del trigo, patrón generoso que les permitía a los niños crecer en el campo como a los animalitos. Hay un cuento donde está mejor escrito, “La mortaja” de Miguel Delibes.
Lissá, el más grande, volvió del seminario para hacerse cargo. El hambre era la tarea y enseñaba más rápido que los libros. Por ejemplo, aprender «que toda propiedad es un robo», puede exigir a un muchachito burgués, una licenciatura y una tesis “Cum laudem”, total, seis años.
Para aquel hatillo de huérfanos, que dicho sea de paso podrían ser ancestros del mismo licenciado, bastó una semana. El tiempo justo que tardaron en arrancar la lechuga suficiente y abundante de los campos ajenos.
«Robadores de lechuga» les gritaban otros niños, de aprendizaje más sólido, en la escuela, después del desayuno.
«Robadores de lechuga» anotó el milico, que los
rebenqueó un poco y sin vergüenza, “porque un ladrón es un ladrón, –dijo-, cualquiera sea el tamaño”.
«Robadores de lechuga» le quedó a toda la familia y la infamia pasó a la descendencia. Una injusticia, porque la verdad, es que la lechuga era robada para una gesta. Ya verán.
Por todo capital del padre muerto, los desamparados herederaron un sulky, con un caballo de rehén, derrengado y famélico como ellos. Una curiosa fe en algún fardo de pasto justificaba la marcha dudosa de ese rocín, hermano del alma, sin duda, de Rocinante. ¿ De qué otro modo puede explicarse ?.
El caso es que Lissá y sus hermanos agujerearon el piso del sulky, vale decir le hicieron una tapa desmontable. A las grandes ruedas de madera, extrañamente, las cubrieron con unos faldones de hule, para el barro, decían. Se acercaban a los corrales, gallineros o establos y detenían el carro con la excusa de reparar un eje, una herradura o una rueda. Los más pequeños (Tito, Armando), alborotaban con saludos y pedigüeñas a los amos de la casa. Los mayores les distraían contando chismes inventados: «…que ayer pasaron por San Genaro los guitarristas de Gardel» decían a menudo. Entretanto, Lissá corría la tapa del piso del sulky y echaba al suelo, debajo del carro y oculto por los faldones de las ruedas, la lechuga que habían robado.
Era cantado que a los dos minutos, debajo del carro se llenaba de gallinas. Lissá lo agarraba de los tobillos a Berto o al Negro y los zambullía de cabeza en el cerco. Levantaban de a una las aves y antes de subirlas, en el aire, les doblaban el pescuezo. Perfeccionada la caza, pudieron conocer el sabor de la carne de cerdo, de oveja y de ternera.
La madre no les creyó nunca que tantos animales del campo se extraviaran y por azar llegaran a su cocina. Tampoco era a diario, las más de las veces siguieron comiendo lechuga. Y llanto.
A mí me ha dolido siempre, en el alma, que se diga a la ligera que aquellos pequeños héroes subversivos, mi abuela, mi madre y mis tíos, fueran unos simples «robadores de lechuga».
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MaRce
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Del libro EL ALTILLO DE MIS OFICIOS
Ed. Corregidor, Bs. As, 1998
Foto familiar de 1934, JOSÉ STOCCO (el abuelo, sentado), MARÍA MAGGI (abuela), la bisabuela ANA y los siete hijos, Rodolfo, Adela, Ana, Roberto, Armando, Amalia (mamá) y Aldo.
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Ed. Corregidor, Bs. As, 1998
Foto familiar de 1934, JOSÉ STOCCO (el abuelo, sentado), MARÍA MAGGI (abuela), la bisabuela ANA y los siete hijos, Rodolfo, Adela, Ana, Roberto, Armando, Amalia (mamá) y Aldo.
