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LOS TRES KAFKAS
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—————————— a Esteban Franicevich ––
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Kafka siempre es refugio. No me refiero solo al bar, aunque es el único café vienés que tiene Capilla del Monte; el único que no tiene tevé, el único que tiene música seleccionada y pasa discos enteros de Simon and Garfunkel. Decí… decí, ¿cuánto hacía que no escuchábamos “Los sonidos del silencio”?
Kafka es el único bar de Capilla que no proclama el Uritorco oráculo (ella me dijo “el Uritorco son los padres” y más tarde me dijo: “consulté al Uritorco y la respuesta fue: los que depositaron tampones, recibirán tampones”); ni esoterismos, ni pintoresquismos de terceras dimensiones o energías difusas, salvo las que dan unas buenas tazas de café negro y cargado, o un libro, especialmente si es de Kafka:
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«»»»» Abismado en la noche. Tal como a veces inclina la cabeza para reflexionar, así, estar completamente abismado en la noche. Todo en derredor duermen los hombres. Una pequeña comedia, un inocente autoengaño, es eso de que duermen las carnes sólidas, bajo un techo seguro: en realidad, estirados o encogidos sobre colchones, entre sábanas, debajo de mantas; en realidad se ha reunido, como una vez aquel entonces, y como, en un paraje desierto, acampado al aire libre, un número incalculable de seres humanos, un ejército, un pueblo, bajo un cielo frío, sobre tierra fría, echados al suelo en el mismo lugar donde antes estuvieron de pie, la frente apretada con el brazo, la cara hacia el suelo, respirando tranquilamente. Y tú velas, eres uno de los vigías. Agitando un tizón que has tomado del montón de ramas fraccionadas que hay a tu lado, descubres al vigía más próximo. Alguien tiene que velar; eso es así. Alguien tiene que estar ahí». (FRANZ KAFKA, frag. de “La edificación de la muralla china»).»»»»»»»»»»»»»
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Y mi devoción a Kafka es también porque fue abogado, y trabajó de ello, no es como tantos que cumplieron el mandato de recibirse pero nunca metieron los pies en el barro. No. Yo admiro a Kafka porque ejerció de abogado, fue Secretario de Cámara de Apelaciones en Praga. Kafka el escritor, Kafka el abogado, Kafka el humorista (cuenta Max Brod, que cuando Franz le leía esa novelita terrible que es “El Proceso”, se mataba de risa), Kafka el vigía del siglo XX. Kafka que hubiera sido el primero en poner: “Yo soy Charlie-Yo no soy Charlie-Yo soy Kafka-Yo soy una cucaracha bajo el pie de la OTAN”.
Y vale en esta noche cordobesa, mi recuerdo al querido Fiscal rosarino Esteban Franicevich, que acaba de morir de lo que muere la gente buena que no puede salir del Castillo de Kafka: un infarto, un grito atragantado los primeros días de la feria, como decir, un domingo a la tardecita.
Tengo el mejor recuerdo de Esteban, con una convicción y coraje extraños en el palacio de la metamorfosis acogió la denuncia de los socios de La Vigil, allá por 2005, contra el inefable Pedro Disneylandia González (Intendente del Macondo feo y malo) que se robó las 34 hectáreas del camping de de la bibloteca en Villa Gobernador Gálvez, para venderle rápidamente la tercera parte al triple del valor (según las escrituras) a Paladini, para que ampliara su planta. Esteban llevó adelante la acusación hasta que el Juez Correccional, en 24 hs (tiempo NO kafkiano) resolviera el sobreseimiento por prescripción (paso del tiempo kafkiano) e inmediatamente, el Secretario de la Corte (que aún sigue allí) el Dr. Borda, retiró el expediente y no pudimos siquiera hacer fotocopias. Recuerdo la burla a nosotros y al Fiscal Franicevich, porque la indagatoria al inefable González estaba notificada a las 9 hs, pero el imputado se presentó a las 7 (dos horas antes) y Su Señoría (de González) le tomó igual la declaración (antes) sin la presencia de los querellantes ni del Fiscal.
Por cosas así, Kafka no llegó a ser juez y Esteban Franicevich tampoco, pese a que le sobraba capacidad, coraje y años de antigüedad en el cargo. Pero él lo sabía, lo hablamos aquella vez y algunas otras veces en los pasillos. El Quijote sabe que nunca será el Cid Campeador y Cervantes, que no será Quevedo.
Lo que duele es la muerte de uno de los nuestros: que el Quijote muera joven y los Generales o la casta política del establishment, mueran de esclerosis múltiple, y aún así nos gobiernen, aunque compren novias que tienen la edad de sus nietas.
Yo trabajé en tribunales 3 años, a comienzo de la democracia. Fui un sumariante de Kafka en Instrucción Segunda, hoy a cargo de mi amiga Ale Rodenas. No soy más vivo por decir que rajé rápido, pero yo vi a un Comisario de Robo y Hurtos insultar a mi juez (Dr. Bazet) y tirarle la 9 mm en el escritorio por una investigación de apremios ilegales. Yo vi la espalda de un cabecita negra de La Salada que había robado unas chapas de un rancho, y como no tenían picana en la comisaría, le habían dado máquina con un taladro, con una mecha de widia, para vidrios. Yo vi a mi juez troceado entre Evaristo Monti y el mandamás de entonces, Dr. Cerruti. Yo vi el Habeas Corpus de Eduardo Garat donde Albano Harguindeguy contestaba “ni vivo ni muerto” (te lo daremos). Pared por medio (Instrucción Tercera) una tarde se robaron (?) los dos armarios de Paquito con todas las causas de la Conadep. Yo vi, como todos, cuando el horror acecha la maravilla.
Y me fui, muchos gritos atragantados en poco tiempo. Admiro y felicito a los que resisten, estoy tratando de que este texto sea un homenaje a tantos queridos amigos que sostienen con enorme dignidad y coraje el servicio de justicia. Después hice una sublimación bastante buena en mi novela “El Portador” y sigo haciendo gestiones legales como trámites civiles y comerciales de un Kafka dedicado casi solamente a la escribanía. Un Bartleby modesto. La épica de La Vigil, que conseguimos como abogados con mi amigo Marcelo Abaca, me justifica.
Pero me quedó una cosa segura: de los tres Kafkas, hace 25 años elegí el del bar (Faulkner, en Mitre y Urquiza), y el que escribe. Y todas las noches le pido a los dueños de los bares, que me sirvan el último café o la última copa, para poder terminar este relato.
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Marce
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Capilla del Monte, 13 de enero de 2015
