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DESTRUCCIÓN TOTAL
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Sábados, mesa grande
de gallinitas en la vereda del bar:
viejas barredoras de Fabricio
pero rubias, limpitas.
Tríptico favorito de Hitler:
niños, hogar, iglesia.
Votantes de Macri
por fin, desde ayer
unido sin acesso carnal
con la madre republicana
del Apocalipsis,
la virgen intocada del poder.
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Los domingos es la mesa
de los varones automovilistas.
Inquieta a los habitués la moda
de estacionar frente a la Aduana
esos autitos de colección
de los hombres de juguete
sus Vespas, Porches, Jaguar
hablando de motores
como si fueran poemas
minas o ideas políticas.
Pero no… sólo
explotan los carburadores.
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Y ahí va él
como dijo el inspector del seguro
cuando vio el auto de su sobrino,
Lisandro, volcado
en Marcos Juárez:
“este auto se va…
este auto se va”.
En la jerga del seguro
quiere decir destrucción total.
En la escritura quiere decir
este poeta se va
y en lenguaje amoroso
que no hay dónde ir.
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Él duda, se para
y finalmente se va
pero no del lugar
no físicamente.
Se pone los auriculares
con el Stabat Mater de Pergolesi
el “Artigas” de Luciano Supervielle
y repéat sin límite.
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Volcado
destrucción total
repéat sin límte
escribir.
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Ellos mueven sus bocas
se deforman sin palabras
sin sonido, imagina
la combustión de los motores
y piensa en una escena en Cruz Alta
donde Esteban Pereda lanza
unos panfletos desde el avión
fumigador de Matías Camargo:
el poema de Leila
la contraseña de asalto
al pueblo, esa noche mientras duerman
los hombres de juguete.
.
Cuando él levante la vista
serán las dos de la tarde
la vereda del bar estará vacía
y él podrá jugar al poeta italiano.
Ni gallinitas ni Vespas ni Jaguars:
volcado
destrucción total
repéat sin límite
este auto se va
el poeta se va
pero adónde
adónde, adón…
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———Marcelo Enrique Scalona
01-02-15
