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ANTONIO CIANCIO

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TROPEZÓN

UNO

1.-Eriberto, despedido del trabajo, llega a su casa; solo hay una nota de Analía: “te dejo, cobarde”

2.- Analía lo abandona, la gota que colmó el vaso, a pesar de sus advertencias, es haberse dejado estafar por el abogado que les quito la casa en la que viven, heredada de la tía Vicenta.

3.- Decide jugarse, reconquistar a Analía, recuperar la casa, denunciar al estafador.

4.- Es el ultimo día antes de la Feria de Tribunales, son las 11 de la mañana, debe actuar rápido.

5.- Toma el 35/9, hará la denuncia directamente en el Centro de Justicia Penal.

6.- Al llegar a San Martin al 2800 se levanta del asiento, cuando ve al abogado que pasa delante del colectivo para tomar el 138 que esta estacionado.

7.- Desciende apresuradamente para increpar al crápula, hay un roce en su espalda, se da vuelta mientras baja, pero el bus paro lejos del cordón, su pie no encuentra la vereda, cae de bruces, siente un dolor intenso en las muñecas, los anteojos se le incrustan en la cara y distingue reflejados en la vidriera de los autos soñados que ya no podrá comprar, por un lado al abogado que sube al colectivo con una risita de siniestra y por el otro al ladrón alejándose con su celu.

8.- Golpeado, impotente y humillado, ve en el reflejo de su cara sanguinolenta, una mancha de saliva y se pregunta si eso no es el coronavirus y si el esputo no será del abogado. Se desmaya

DOS

 

Eriberto, luego de ser despedido de su trabajo, encontró solitaria la casa, como escueta y solitaria era la nota de Analía: “te dejo, cobarde”. Se derrumba desolado en una silla a pensar.

Ahí mismo en esa mañana de su inminente solitaria vida, sintió que se jugaba todo, el amor y esa casa escamoteada por el crápula del abogado, herencia de la tía Vicenta; decidió vestirse de valiente, llegar al Centro de Justicia Penal, eran las 11 de la mañana del ultimo día antes de la Feria, tomo el 35/9. Las 10 cuadras se le hacían infinitas como infinitas, y desoídas, habían sido las quejas de Analía. Al llegar a San Martin al 2800, allí donde tantas veces soñó con ese auto que lo fascinaba, se levantó y todo a una, vio por la ventanilla como el abogado caminaba despreocupadamente hacia el 138, sintió un leve tirón en el bolsillo del pantalón y al bajar dándose vuelta para ver que era, su pie no encontró el cordón: el bus había parado lejos de la vereda, cayo, sintiendo el crac en las muñecas, la sangre que le corría por la cara y reflejado como en una escena ajena y siniestra vio por un lado el ladrón que se alejaba tranquilamente con su celular y que el estafador tomaba el 138 no sin antes saludarlo. La última imagen antes de desmayarse fue la del 308 que ya no tendría, la sangre y el esputo en su cara aplastada sobre la vereda…la sensación de que se había contagiado de coronavirus por la saliva del abogado.

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Comentario: MARCELO SCALONA:  Antonio, con gran destreza, escribe la misma fábula (un hombre abandonado por su mujer que sale en busca de un rescate y una venganza contra un abogado pero sufre un tropezón al bajar del colectivo), con dos estilos literarios opuestos, el primero con un lenguaje mínimo, ordinario, lacónico, reticente, casi comunicacional. El segundo, más cerca del barroco, florido, artificial, cargado de literaturidad, sin embargo ambos textos son entretenidos, vigorosos, eficaces, aunque en este caso, el segundo, mérito de los recursos de lenguaje, léxico y figuras retóricas, alcanza resonancias formales y también líricas. En ambas, brilla la parodia, el desbaratamiento del gesto épico del personaje, incluso con cierto paroxismo a través del virus de moda.