Un taller literario tiene algo de taller metalúrgico (Fabián Casas, artefactos), de taller de canto (Rosario Blefari), de taller textil (Leónidas Lamborghini), de taller de compostura de muñecas (Arlt), de taller de juguetes (Cortázar, Dédalo), de taller de locos (Pizarnik), de taller de sí mismo (Woolf), de taller de memoria (Yourcenar), y también una casa de papel como la de Borges o la de Carlos María Domínguez. Taller de ventas de garaje (Carver) o de sexo (Anaís Nin), o de cata de vinos (Bukowski) o de chicas malas tomando el té (Gorodischer), y muchas veces, también, se parece a un gimnasio donde se aprende a poner el cuerpo (Walsh) o jugar al radioteatro (Puig).
Lo único esencial era que EL TALLER LITERARIO estuviera en una calle torcida, indirecta, inclinada, porque la belleza o el sentido son formas de la anomalía, de lo extraño, de lo impreciso, de lo incompleto.
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TALLER DE LA CALLE INCLINADA. Laprida 563. Rosario, desde el año 2000. Marcelo Enrique Scalona.
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COSAS QUE EXTRAÑO EN PANDEMIA.
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La libertad, la expansión
no usar corpiño en la boca
y el movimiento sin cálculo,
vueltear de noche, de día
los cafés, el pub sin …
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CANCELACIÓN
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Primero suspendieron el espacio
y nos dejaron el tiempo.
De las tres dimensiones
quedaron dos: un no lugar.
Lo primero fue lo real
el lugar y su percepción
el enemigo era …